Son tu fuerza, carácter, vibración,
belleza, simpatía, y sencillez
las armas con que al pronto y de una vez
impones, suavemente, sumisión.
Con tu empaque, firmeza y decisión
transformas mi valor en timidez
y me haces desear, con avidez,
la vergüenza, dolor y humillación.
Me encuentro, así, en mi sitio, cual me ves,
sometido a tu firme voluntad,
desnudo, humillado y a tus pies
y te entrego mi masculinidad
esperando la fusta o el arnés,
mi Dómina querida, Libertad.

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